Acompañar el duelo en catástrofes

Dos manos con guantes rojos salpicados de nieve sosteniendo una vela roja

 

Son muchas las familias que ha sufrido durante la devastadora DANA de Valencia la pérdida de sus seres queridos y otras aún esperan el angustioso desenlace. Pero, ¿cómo podemos ayudarles a atravesar la dolorosa tormenta del duelo para, después de un tiempo resurgir de nuevo a la vida? ¿Cómo podemos acompañar estos momentos delicados para evitar que se enquiste en un “duelo complicado” con actitudes disfuncionales ante la pérdida?

 Vivir conlleva aprender a aceptar las pérdidas que abren puertas escondidas hacia dimensiones inexploradas de nosotros mismos y, en especial, de nuestro mundo emocional. Pareciera ser la vida un ensayo a la hora de prepararnos para afrontar “las importantes”, al fin y al cabo, todo el tiempo estamos despidiéndonos de algo para dar paso a cosas nuevas , ya sea como cuando decimos adiós al paraíso de la infancia o a la turbulenta adolescencia, cuando desechamos un ideal inalcanzable,  atravesamos un fracaso económico, transitamos por amores imposibles o abandonamos paisajes amados a donde jamás retornaremos, etc. Deberían sernos familiares las emociones que  sentimos cuando nos “dolemos” de algo. El mismo Freud mencionaba  en Duelo y Melancolía (1917), que cualquier persona podría atravesar por un duelo si su subjetividad se veía alterada por una pérdida.

Sin embargo, aquel que haya pasado por la pérdida de un ser amado de quien recibía afecto, amor, protección, complicidad, etc. sabe que el duelo con mayúsculas de un ser querido nos adentra en una dimensión emocional de intensidad desconocida y, sin querer, nos arroja hacia una etapa convulsa, provoca un torbellino emocional y puede resultar durante un tiempo una experiencia terriblemente dolorosa e invalidante.

El duelo, duele y mucho. Y, ese dolor que sentimos es el reverso de la cara oculta del profundo amor que profesábamos hacia esa persona y mediante el que confesamos de forma abierta, pública, desgarrada quizás, lo que realmente nos importa en la vida y el anhelo de que esa persona querida esté de vuelta o de que las cosas vuelvan a ser como antes.

Así Sira testimoniaba la crudeza de la pérdida:

Se me hace muy largo ya, es como si se hubiera marchado de casa y estuviera tardando demasiado tiempo en volver. Me enfado con ella porque siento que me estoy preocupando. Pero en ese instante caigo en la cuenta de que ya nunca volverá. Siento el vacío de la ausencia, el frío gélido de la soledad infinita, retumba en mi cabeza el eco del “para siempre”. La vida sin ella se ha convertido en algo insípido como si la hubieran arrancado los colores. Me siento aplastada por el alud de esa realidad dolorosa, sin aliento, desvitalizada. Hasta que poco a poco, con el tiempo, vuelvo a mover los miembros entumecidos de mi cuerpo como si saliera de un largo letargo”.

Necesitamos encontrar una vía de expresión de los más íntimos y profundos sentimientos que nos abruman con “oleadas de emociones incontrolables”.

¿Qué va a ser de mí ahora?, ¿Por qué te has ido y me has abandonado tan pronto?” – me interpelaba mi paciente Paquita frente al reciente y doloroso fallecimiento de su hermana con la que siempre había convivido codo con codo cual fiel escudera en el camino de la vida. “A veces me voy a la cama y la digo:  Chiqui, me voy a dormir. Pero yo sé que no está aquí – sollozaba – Raquel, ¿me estoy volviendo loca?”.

 En el fondo Paquita necesitaba trasmitirme cuánto quería a su hermana y cuánto la echaba de menos y le costaba aceptar la realidad de una pérdida que sentía insustituible. Hay que ofrecer tiempo para aprender a convivir con la ausencia y recolocar emocionalmente el mundo interior para continuar viviendo con mayúsculas.

EL CAMINO DEL DUELO TIENE CURVAS

Por eso, es bueno saber que en el duelo nos pasarán muchas cosas a nivel emocional, físico, cognitivo y que percibiremos diferencias entre lo que sentimos en un momento concreto o en otro.

Llevará su tiempo para cada persona y las emociones se irán trasformando desde un principio en el: “que te invaden como una ola” o “el momento agudo de pena” a otros donde nos encontraremos inmersos en el duelo entendido ya como un “proceso con una trayectoria”. Donde, hasta incluso nuestro propio cerebro sufrirá cambios, entre los primeros instantes a cuando pasa ya un tiempo y nos vamos adaptando emocionalmente a la pérdida tal como demostró el psicólogo clínico George Bonnano de la Universidad de Columbia.

Será fácil que nos sintamos emocionalmente agotados porque tratamos de adaptarnos a una nueva situación que nos sacude en lo más profundo de nuestro ser y nos plantea inmisericorde varios desafíos como el hecho de confrontarnos con los grandes cambios que traen el final inexorable de una vida, la muerte del otro y en algún momento la propia y, además, nos reta a encontrar respuestas frente a las grandes preguntas existenciales para las que no hay respuestas únicas. ¿Por qué debo continuar viviendo? ¿Qué sentido tiene la vida si alguna vez he de morir? ¿Vale la pena seguir invirtiendo en afectos si al fin y al cabo nos vamos a morir?

LA IMPORTANCIA DEL “AUTOCUIDADO”

Debemos entender que pasamos por momentos de estrés agudo, a los que se suman muchas circunstancias y preparativos nuevos, y es fácil que nuestro rendimiento se vea afectado, que se nos olviden cosas, que no nos concentremos, que descuidemos en parte nuestra higiene personal, que se comprometa el sueño o se desvanezca el apetito, etc.

Por eso es muy importante, mantener en la medida de lo posible lo mejor que podamos nuestro autocuidado:

* permitirnos descansar más

* cuidar las rutinas de sueño

* llevar una alimentación ordenada

* procurarnos compañía para no abandonarnos al dolor.

Eso sí, una cosa es cierta y esperanzadora, que la mayoría de las personas somos bastante resilientes y pese a lo difícil de este tránsito solemos salir airosos y restaurar una vida significativa, de hecho, las estadísticas hablan de que el 90% de las personas se adaptan saludablemente y sólo el 10% desarrolla cuadros más graves y prolongados (Bermejo, 2014).

EL IMPACTO EMOCIONAL DE LA PÉRDIDA EN UNA CATÁSTROFE

Sin embargo, tenemos que tener en cuenta que no todas las pérdidas impactan emocionalmente de igual modo en las personas y viendo las imágenes de la Dana de Valencia por televisión, es fácil pensar que hay duelos más difíciles que otros, más desconcertantes y devastadores.

No es lo mismo perder a un padre que a un hijo, en unas circunstancias o en otras, por ejemplo, en la Dana nos encontramos con personas a las que se les acumulan las pérdidas, ya sean materiales de una casa, el coche, un negocio que compromete el medio de vida, la destrucción de espacios comunitarios donde creciste y que forman parte de tu identidad, junto con el trauma de ver a personas que morían ahogadas como vecinos o familiares como relató un papá en un dramático y desgarrador testimonio cuando la fuerza titánica de la corriente de lodo arrancó de sus manos a sus dos niñitos pequeños.

Es verdad, todo el mundo estará en duelo, pero cada persona atravesará un proceso único y singular y necesitará un tiempo para asimilar lo ocurrido. Y, obviamente, serán duelos más intensos, traumáticos, dolorosos o largos al verse influidos por las circunstancias catastróficas en que se producen que lleva a muchas personas a preguntarse: ¿Y si… le hubiese dicho tal cosa…?, ¿por qué le tocó a él o ella?, ¿y si no hubiese bajado al garaje por el coche?

Asimismo, debemos tener en cuenta que la vivencia del duelo también estará mediatizada por elementos como:

  1. El efecto acumulativo de otras pérdidas que amplifica el sentimiento de devastación interior.
  2. Las características singulares de personalidad
  3. Los modelos de afrontamiento emocional que hayamos aprendido en nuestras familias (Gómez, & Hernández, 2013)

Por lo que resulta especialmente necesario que en estos momentos nos tratemos con amabilidad, comprensión y bondad amorosa. Comprender la dimensión y la gravedad de lo que estamos viviendo nos pone en mejor disposición de tolerar lo que sentimos.

Ya, Carl Jung expresó en esta bella frase el valor inestimable de la comprensión cuando decía que debemos tratar de dar un sentido a las cosas y esto hará que muchas sean soportables, quizás todas.

¿CUÁNDO SOSPECHAMOS DE LA EXISTENCIA DE UN DUELO COMPLICADO?

 Si bien el “duelo complicado” no es considerado según la biblia de los psicólogos el DSM-5, Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales,  como un trastorno mental en sí mismo, sí se está investigando en la actualidad cómo algunas personas pueden atravesar un trastorno por duelo persistente, que es otra forma de llamar al duelo complicado y que se caracteriza por la presencia de un conjunto de síntomas que generan un sufrimiento significativo y que se prolongan durante más de 12 meses en adultos y de 6 meses en niños y adolescentes.

¿Cuáles serían los signos y síntomas de un duelo complicado a los que debemos estar atentos?

  1. Un lamento intenso por la persona fallecida donde la persona experimenta una angustia emocional significativa relacionada con la pérdida que dura más de 6 meses.
  2. Dificultad para aceptar la muerte. En tanto en cuanto la persona tiene dificultad para aceptar la pérdida y puede negarse a reconocer la realidad de la misma.
  3. Evitación de recuerdos o actividades que recuerdan a la persona fallecida.
  4. Un sufrimiento persistente y una sensación de incredulidad, culpa, enojo o resentimiento que pueden surgir de forma intensificada o prolongada.
  5. La incapacidad para “seguir adelante” o reintegrase socialmente.

EL CEREBRO EN DUELO

 Autores como Mary O´Connor (2022), en su libro “El cerebro en duelo”, opta por elegir el término duelo “complicado” al considerarlo más ilustrativo sobre lo que sucede cuando “algo se tuerce” en el desarrollo normal de un fenómeno.

Según esta autora cuando las cosas no van bien en el duelo podemos encontrarnos con:

  1. Alteraciones en la percepción y la memoria del pasado, nos encontramos con que el doliente idealiza a la persona fallecida o revive una y otra vez los momentos anteriores a la muerte. Todo ello obstaculiza el proceso de adaptación a la nueva realidad.
  2. Rumiaciones constantes, en la que el doliente no puede de dejar de pensar en la pérdida, se tortura con lo que pudo haber hecho de diferente o se halla sumido o ensimismado en el dolor que siente.

Es fundamental, entonces la necesidad de realizar intervenciones psicológicas efectivas que ayuden a la persona a retomar el curso normal del duelo destinado a la aceptación de una realidad dolorosa y volver a conectarse con la vida.

¿CÓMO AYUDAR A VIVIR EL DUELO SANAMENTE Y HACERNOS MÁS RESILIENTES?

Si bien las recientes investigaciones como la llevada a cabo por G. Bonnano (2004) muestra que la mayoría de nosotros tenemos una tendencia innata hacia el duelo saludable y la recuperación de la pérdida, también es cierto que debemos crear las condiciones psicológicas para que ésta se pueda llevar a cabo y hay cosas que lo facilitan enormemente como el valor de la compañía y de la escucha activa en los primeros momentos.

Al fin y al cabo, en general los seres humanos somos personas resilientes siempre y cuando recibamos la ayuda adecuada en nuestros momentos de mayor vulnerabilidad.

Y, una de las primeras “tareas del duelo” será ayudar a procurar que las personas encuentren una manera de expresar sus sentimientos, acogerlos, comprenderlos y darse un tiempo de transición que será diferente para cada persona. Ofrecer una escucha atenta y grandes dosis de paciencia y comprensión ayudan a evitar que un dolor consciente no expresado desemboque antes o después en un “colapso emocional”, como relata Bermejo (2014) en su libro “Estoy en duelo”.

Así que una forma de vivir el duelo sanamente es expresar las emociones, legitimarlas, validarlas. Porque en el duelo, sobre todo en los momentos iniciales, es fácil que nos sintamos abrumados por la intensidad de lo que sentimos y que emerjan furibundos sentimientos de culpa, miedo intenso, tristeza, punzantes sentimientos de abandono, rabia, ira destructiva, desamparo, etc.

Pero para ayudarnos en esa transición resulta esencial que las personas no se sientan solas con el dolor. Está demostrado científicamente que el apoyo social y emocional reduce nuestros sentimientos de vulnerabilidad.

Sólo así estaremos en mejor disposición de extraer las lecciones que el duelo como gran maestro de la vida nos enseña.

 

Raquel Tomé López

Psicóloga General Sanitaria

Psicoterapeuta

Neuropsicóloga

Col. M-14725

Centro Guía de Psicología y Psicoterapia (Madrid)

www.centroguiadepsicoterapia.com

Referencias bibliográficas

  • Bermejo, J.C. (2014). Estoy en duelo. Distribuidora.
  • Freud, S. (1917). Duelo y melancolía. Biblioteca Nueva.
  • Gómez, R., & Hernández Bayona, M. (2013). Psiquiatría clínica. Diagnóstico y tratamiento en niños, adolescentes y adultos. Médica Panamericana (1) (3)
  • O´Connor, M-F. (2022) The grieving brain: The surprising science of how we learn from love and loss. Harper One.
  • Tomé López, R. (2020, abril, 8). Abrazar la pérdida. El Confidencial. https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2020-04-08/abrazar-perdida-psicologia-coronavirus-epidemia_2538371/

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