En el corazón de la profesión de la Psicología palpita una fuerza inquebrantable: la vocación de servicio. Desde los primeros pasos en este camino, quienes abrazan esta labor lo hacen impulsados por un deseo genuino de acompañar, comprender y aliviar el sufrimiento humano. Esa buena voluntad, ese compromiso profundo con el bienestar ajeno, es el cimiento de una labor que trasciende técnicas y teorías para convertirse en una forma de estar en el mundo. Cada gesto, cada palabra, cada intervención nace de una intención noble: tender una mano a quien lo necesita. Y es justamente desde esa pasión y entrega que debemos estar hábiles a la hora de reflexionar sobre el alcance y las limitaciones de nuestro hacer.
Vivimos tiempos difíciles, convulsos y con escenarios demasiado cambiantes donde, a cada paso y a cada momento, los desafíos que afrontar y enfrentar son cada vez más adversos, volátiles e inciertos. Sin embargo, algo así igualmente significa que la oportunidad en una etapa de crisis también está presente, dado que la reflexión, el cuestionamiento y, más importante todavía, el cambio de paradigma y la transformación de nuestro mindset (muy positivamente) SON posibles.
El paso de una DANA sin precedentes en décadas como la acaecida el pasado 29 de octubre de 2024 en la Comunidad Valenciana donde la lluvia de todo un año se concentró en ocho horas es un ejemplo más que significativo como para que cualquiera de los profesionales involucrados podamos hacernos una idea de la magnitud y envergadura que, desgraciadamente, ha supuesto tanto en la inmensidad de la pérdida de bienes materiales como en el indescriptible dolor y desconsuelo que los afectados, familiares y allegados han experimentado -y están experimentando- tan inmerecidamente.
Como profesionales de la salud mental, somos muy conscientes de que el impacto psicológico, la huella emocional y, más aún, las consecuencias y las secuelas psicológicas que el conjunto de todo ello supondrá en el corto, medio y largo plazo son innumerables y donde su despliegue multidimensional azotará más profundamente será en los ámbitos emocional y social.
Precisamente porque nos hallamos ante las características de un hito histórico inigualable que precisa de nosotros una manifiesta responsabilidad que no poder obviar, ni tampoco dejar de lado, al mismo tiempo, requiere de nosotros una inequívoca (auto)exigencia que no solamente atañe a nuestra sensibilidad y compromiso, sino a una más que pormenorizada reflexión que trae per sé el ejercicio de nuestra profesión a tenor de un -nada- simple par de cuestiones que responder(nos): ¿Podemos asegurar que nuestra intervención es la adecuada en cada momento? ¿Cómo de seguros nos encontramos a la hora de realizar nuestras intervenciones ante incidentes críticos, situaciones de crisis, catástrofes y/o emergencia, y/o de excepción?
Apenas unos días después de la fatídica DANA Enrique Parada (2024), gran experto en emergencias a tenor de su excepcional trayectoria profesional como psicólogo especializado en la intervención psicológica en situaciones de catástrofes y emergencias, incitó a una reflexión -tan necesaria como imprescindible- al conjunto de los profesionales, yendo un paso más allá de la buena voluntad y la intención de ayudar, pensando en lo que la realidad tan crucial de la praxis involucra y comporta:
“Tres ingredientes esenciales para psicólog@s de buena voluntad que quieren ayudar:
1. ¿Puedo acompañar emociones intensas y relatos trágicos en este momento?
2. ¿Siento que puedo sostenerme emocionalmente ante ellos?
3. ¿Me he formado y SÉ QUÉ ESTOY HACIENDO con la persona en crisis (Y EN ESTOS MOMENTOS, NO ES PSICOTERAPIA) más allá de poner el hombro y consolar?
Si te falta alguno de estos tres componentes: NO DAÑES y NO TE DAÑES.”
No puedo estar más de acuerdo. No puedo estar más alineada con ello.
Si bien es cierto que la intervención de psicólogos sin formación en emergencias, a priori, puede aportar habilidades generales y transversales útiles como empatía, escucha activa, contención emocional básica, manejo de dinámicas grupales y recursos de comunicación, su falta de formación específica podría limitar su capacidad a la hora de manejar el estrés agudo, trabajar en entornos caóticos, intervenir de manera efectiva bajo presión o aplicar protocolos adecuados, generando riesgos para los afectados y para ellos mismos que podrían agravar la situación en lugar de mejorarla. El impacto psicológico y las consecuencias del mismo serían dobles, dado que no solo se produciría en las personas afectadas, sino también en los profesionales intervinientes.

Lamentablemente, aunque la solidaridad y la buena voluntad son valores fundamentales, NO pueden -ni deben- justificar la intervención sin formación específica, ya que esto mismo puede acarrear consecuencias negativas tanto para los afectados como para el propio profesional. La falta de preparación adecuada puede derivar en errores que agraven el estado emocional de las personas en crisis (efecto iatrogénico) o en un desgaste psicológico severo para el psicólogo que interviene sin herramientas suficientes.
Resulta crucial reconocer los límites personales y profesionales y saber si como profesional se posee la cualificación y competencias necesarias para ello. No basta con ser psicólogo, de igual forma que un cardiólogo no puede desempeñar el rol de un psiquiatra sin comprometer la calidad de su intervención. De base los dos son médicos, sin embargo, su pericia profesional tiene una aplicación y ejecución completamente distintas. Los dos pueden ser increíbles como profesionales, pero cada uno en lo suyo. Es más, ambos dos son expertos en su ámbito, pero cada uno cuenta con habilidades y competencias diseñadas para necesidades específicas.
La solidaridad debe dirigirse hacia áreas donde el profesional pueda aportar con seguridad y eficacia, respetando siempre la especialización requerida para intervenciones en crisis y emergencias.
El instinto de solidaridad es un motor valioso, pero no debe justificar una intervención sin formación específica. En emergencias, el riesgo de causar daños involuntarios, generar desorganización o no saber manejar el estrés agudo de los afectados supera los beneficios de una ayuda improvisada. La solidaridad debe canalizarse a través de roles acordes a las competencias del profesional, como apoyo complementario o tareas no clínicas, mientras que la intervención directa debe quedar en manos de especialistas preparados. Debe tenerse muy presente que, a posteriori, el perjuicio ocasionado en materia de bienestar emocional y salud mental, aquí, también es doble no solamente en el corto, el medio y largo plazo, sino también para las personas intervenidas y los intervinientes.
La intervención en situaciones de emergencias y catástrofes conlleva el desarrollo y entrenamiento de las habilidades propias que un psicólogo clínico y/o sanitario adquiere para ejercer su profesión junto con las competencias concretas y específicas que la propia formación y experiencia en situaciones de crisis, catástrofes y emergencias determinan. La diferencia entre unas y otras radica principalmente en dos aspectos: una, la forma de intervenir; y, dos, los escenarios en los que se produce dicha intervención, así como la capacidad de adaptación, flexibilidad, capacidad de toma de decisiones bajo presión, trabajo en equipo, manejo del estrés y autocontrol y/o comunicación clara y efectiva que, entre otras, el profesional tiene que tener para manejarse en contextos muy vulnerables, de alta presión y emergencia donde lo que prima es la incertidumbre, el dolor y la pérdida, la capacidad de reacción y respuesta, así como la exposición al trauma, entre otros.
La colaboración de psicólogos no formados debería gestionarse y planificarse siéndoles asignados roles no críticos e integrándolos en tareas secundarias bajo la supervisión directa de psicólogos especializados. Asimismo, sería esencial proporcionarles una formación básica, rápida y clara en el momento sobre protocolos de actuación y autocuidado para minimizar riesgos y maximizar su utilidad en la intervención, así como para reforzar sus conocimientos y optimizar su actuación. Conviene decir que, aquí, la coordinación con los especialistas resultará clave para asegurar que las intervenciones mantengan su calidad y seguridad. Y, de igual forma, sería necesario (aparte de beneficioso) incluirlos en una base de datos conjunta donde pudiesen tenerse a mano todos sus perfiles y, de esa manera, poder seleccionarlos eficazmente en función de prioridades y necesidades. Por tanto, una consideración reseñable a la que aludir nuevamente ES a la necesaria formación reglada y/o especializada por parte de los profesionales, dado que ahora está muy de moda todo lo que tiene que ver con la intervención en crisis, catástrofes y emergencias y NO todo vale.
Así, otro aspecto destacado es la innegable relevancia de la supervisión y el apoyo psicológico post-intervención para los profesionales que participan en emergencias, dado que este tipo de trabajo expone a los psicólogos a altos niveles de estrés, desgaste emocional e incluso alto riesgo de trauma vicario, permitiendo profundizar en cómo gestionar el impacto emocional en los propios intervinientes ya que se antepone como un tema primordial que, a su vez, suele pasar bastante desapercibido.
Como último aspecto a considerar también está la necesidad de incidir en la importancia de la coordinación interdisciplinar, así como la preparación cultural y de diversidad. En el primer caso porque resulta fundamental para garantizar una intervención eficaz y alineada con las necesidades del contexto y no generar duplicidades o vacíos en la atención. Y en el segundo porque, en determinadas circunstancias, es indispensable considerar la formación en sensibilidad cultural y diversidad ya que las emergencias pueden afectar a personas de distintas culturas, edades y contextos, y adaptar la intervención a esas diferencias como factor clave para preservar una atención inclusiva y respetuosa no es baladí.
A ti que me estás leyendo, te invito a hacer algo valioso, algo que incluso trasciende este artículo: Sé honesto/a contigo mismo/a. Reconoce lo mejor de ti, tanto en lo personal como en lo profesional, y escucha con atención esa voz interior de tu fuero interno que conoce tus límites y tus fortalezas. Permítele responder con sinceridad a las preguntas y reflexiones aquí planteadas. Porque más que un deber externo, en realidad, este artículo es una llamada a tu compromiso más profundo: a cuidar (y cuidarte) desde el saber SER, ESTAR Y HACER, con la certeza de que cada acción que emprendas será un fiel reflejo de quien potencialmente ERES y exponencialmente estás destinado a ser.
Confío plenamente en ti, en tu capacidad para decidir con conciencia y de manera emocionalmente inteligente, honrando la grandeza de nuestra profesión. GRACIAS en bien grande.
Psicóloga Sanitaria y de Emergencias (M-36972),
especializada en la prevención del suicidio,
la intervención psicológica en situaciones de crisis, catástrofes y emergencias, así como en procesos de duelo y pérdidas.


José Ignacio me alegra que sea de tu interés. Encantada de ayudarte: de entrada te recomendaría una formación especializada en aquellos centros y/o universidades que proporcionen la formación más completa posible. En mi caso concreto ha sido a través de la Universidad Europea de Madrid con el Máster de Intervención Psicológica en Situaciones de Crisis, Catástrofes y Emergencias que, a su vez, cuenta con el hecho de ser el único Título Oficial en España para la obtención de una formación así en esta materia. Mi experiencia ha sido fantástica en todos los sentidos: la dirección y coordinación del máster increíble con la persona responsable a cargo, el grupo de docente sin duda un plus inmejorable por su variedad, profesionalidad, experiencia y especialización y mis compañeros de formación un auténtico de descubrimiento. Confío en que te sirva.
Fantástica reflexión, Cristina! Enhorabuena
José Antonio me alegra no sabes cuánto que te haya gustado. ¡Gracias!
Gran artículo de divulgación desde el rigor y desde el corazón, dos características siempre presentes en esta gran profesional. Enhorabuena 👏
Muy interesante. Excelente aportación. Gracias.